Y es que llevan razón, a veces, cuando dicen
Que las palabras se las lleva el viento,
Cierto, hasta que llegan a algún corazón
Y mucho peor cuando lo que llegan son hechos.
Si pudiera te compraría la felicidad
Aterrizaría en cualquier hipermercado
Y pediría “medio kilo por favor,
Envuelto, que es para regalo”.
Y que se te dibujara una gran sonrisa al abrirlo
Pero por ahora solo puedo darte ánimo
Y decirte que hoy serás mala escudera,
Pero mañana una gran dulcinea.
Y decirte, que no importa lo que hiciste, ni lo que fuiste... tan sólo quién eres ahora y hacia dónde vas; y eso tan sólo tú debes saberlo. Los supermercados muchas veces nos engañan nos miman demasiado y más tarde nos hinchan a colorantes y conservantes; mas la felicidad, se la da cada uno a un momento: una mirada, un suspiro, un objeto que te hace llorar de eso, de felicidad.
ResponderEliminarA mí... me bastaría con una sonrisa, gratis, por favor :) y muchas de nada.